Eros y civilización via @StuartGallery

Claudio Herrera (n. 1968), Paulina Humeres (n. 1954), Álvaro Oyarzún (n. 1960), Francisco Smythe (1952-1998)
A partir del 24 de Mayo de 2012 hasta el 23 de Junio

Álvaro Oyarzún, Serie Triple X, 25 x 32 cm, Lápiz sobre papel Canson. Año 2012.

La exposición en stu|ART se organiza alrededor de obras de Claudio Herrera, Paulina Humeres, Álvaro Oyarzún y Francisco Smythe (1952-1998). Los cuatros van a penetrar los arcanos de la pornografía. Se trata para ellos de encontrar el paso de lo pornográfico a lo artístico; desafío interesante.
Esta investigación tiene precedentes y propongo una breve puesta en perspectiva histórica antes de volver a los retos que representan la puesta en relación de la pornografía con el campo estético.

En nuestro cibermundo, la pornografía es híper accesible. Producción y consumo profesionales o de aficionados alcanzaron un nivel de circulación récord. La pornografía es un producto industrializado de consumo de masas en una sociedad saturada de imágenes y de sexo, ambos a menudo combinados por una sociedad que administra, se apropia y crea nuestros impulsos en deseo de consumo. ¿Cuál es entonces el lugar del artista en esta sobredosis de imágenes pornográficas? En el paradigma que había estallado a final de los años 60 en la postmodernidad, el arte se corrompió, infiltró la trivialidad diaria, el Kitsch a riesgo, sublime quizá, de confundirse con la -low cultura. El encuentro del arte con la pornografía es uno de los numerosos avatares de este cambio. ¿Sobre qué plan juzgarlo?

– Cuando se trata de arte fotográfico, la diferencia entre arte y pornografía se hace difícil por la ausencia de diferencia de medio. De ahí las prohibiciones en Francia de las exposiciones del americano Larry Clark o del español García Alix, o la suspensión y diligencia penal del curador de “The perfect Moment” de Mapplethorpe en Estados Unidos en 1989. Lo que es más, la frecuente transparencia del medio fotográfico expone, como lo indica Barthes, una escena que literalmente fue vivida en el momento de la toma y justifica el aplazamiento de los ataques frecuentemente lanzados contra la industria pornográfica hacia su versión fotográfica estetizada.

– En el caso de los collages y dibujos, expuestos aquí en Eros y Civilización, se trata de medios en la gran tradición de las bellas artes; una posible descalificación del ámbito artístico y circunscripción a la simple pornografía es más rara, a causa de la no transparencia del medio, de la mediación por lo imaginario y la técnica. Sin embargo, la exigencia debe seguir siendo fuerte y vigilante. El artista no es un simple ilustrador porno, y debe inscribirse en el campo artístico. Una condición necesaria pero que devuelve a la pregunta esencialista ¿qué es que el arte?” repetida desde hace al menos 40 años y que ya no se plantea. Estamos hoy más en la acción; sin preguntarse lo que es el arte, y en consecuencia, lo que es o lo que no es un arte pornográfico. Debe dar cuenta sobre el aspecto dialéctico, dinámico, plástico de su apropiación de la pornografía. Debe violarla de alguna manera y replantearse sus talentos.

Extraído de “¿Arte y Pornografía, como una aporía estética?” por Lise Martinot

Paulina Humeres, Serie Erótica, 2, Lápiz sobre papel, Año 1981

Desde el 24 de Mayo al 23 de Junio de 2012

Horarios / Opening Hours:

Lunes – Viernes 10:30 – 14:30 / 15:30 – 19:30
Sábado 11:00 – 14:00
Galería stu|ART

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